Select Poems by Robin Myers ’10, Translated by Ezequiel Zaidenwerg

Light

“I think it is all light at the end; I think it is air.”
—Larry Levis

I think it is all light at the end. But not, in the end,
because it is beautiful or temporary, or even solemn in these ways. Once,

I was in love with a man and we hiked through the woods in a rainstorm.
This had not been the plan. But he loved it; he was from Wyoming

and accustomed to loving things the world decided he could handle on short notice.
The rain battered the trees. It made a river of the path, unearthed the earth,

and I doubted I would ever be dry again. Yet as we reached a ridge
and looked out over the valley, the sun rushed through the clouds

that held it back, and the storm became a storm of light.
The entire valley went a rich orange, the brilliant trees doubly lit—

at first by autumn, now by sun. The man
surveyed, amazed, the bright wet earth before us.

I think it is all light at the end, but not because it changes what it touches.
I think he believed that our very presence there

made us part of what we saw—he touched my face,
where there was still rain, and perhaps light—that we were even,

somehow, responsible, at least in the sense that we always are, a little,
for what we have decided we are witness to. I think it is all light

at the end, but not because it blesses or erases us: I felt,
coming down the mountain, a sort of uneasy tenderness for this body

beside me, this man whose hand had touched my skin as if it really
were about his hand, and about my skin; whose love of the world

will always be fiercest as he looks down into it and watches the sun
spotlight everything he knows to be true. We passed a stream with shoots

of light in it like fish. We watched the light sift through the air. And so
we saw the air. I think it is all light at the end, but only

because it has nothing to do with us, can do nothing for us,
can only light us up the way it lights up a stand of trees,

an empty highway, a bed at sunup, rumpled on a lover’s way out.
I think it is all light, because we go bright, then dark,

then bright again, whether we mark its happening
or don’t. Because we don’t. Cannot.

Luz

“Yo creo que al final es todo luz; creo que es aire”
—Larry Levis

Yo creo que al final es todo luz. Pero no, finalmente,
porque sea algo hermoso o temporario, ni siquiera solemne. Una vez,

con un hombre del que estaba enamorada, fuimos al bosque a caminar y de repente se largó a llover.
No estaba en nuestros planes. Pero a él le encantó; es que era de Wyoming,

y estaba acostumbrado a amar aquellas cosas que el mundo decidía que él podía manejar sin previo aviso.
Sacudía los árboles la lluvia. Convertía el sendero en un riachuelo, levantaba la tierra,

y a mí me parecía que jamás volvería a estar seca. Pero cuando llegamos hasta un risco
y miramos abajo, en dirección al valle, vimos que el sol se abría paso a través de las nubes

que antes lo ocultaban: súbitamente, la tormenta era una tormenta de luz.
Se tiñó todo el valle de un naranja profundo, los árboles brillaban doblemente:

antes por el otoño, ahora por el sol. El hombre
contemplaba, asombrado, el barro reluciente ante nosotros.

Yo creo que al final es todo luz, pero no porque cambie lo que toca.
Yo creo que él creía que estar ahí

nos convertía a ambos en parte del paisaje –y me tocó la cara,
donde tenía lluvia todavía, y quizá algo de luz-; y también me parece que creía

que de algún modo éramos responsables, en el sentido, al menos, de que siempre
lo somos de las cosas que decidimos ver. Yo creo que al final es todo luz,

no, sin embargo, porque nos bendiga o nos borre: sentí, al bajar
por la ladera, una especie de incómoda ternura por el cuerpo

que tenía a mi lado, este hombre cuya mano había tocado mi piel,
como si de verdad todo esto se tratara de su mano y mi piel; cuyo amor por el mundo

siempre será más fuerte cuando posa sus ojos sobre él y mira cómo el sol
resalta todo aquello que él sabe verdadero. Pasamos por al lado de un arroyo

salpicado por esquirlas de luz, como si fueran peces.
Vimos la luz filtrarse por el aire. Y así vimos el aire. Yo pienso que al final es todo luz, pero tan sólo

porque no guarda relación alguna con nosotros, no nos puede ayudar,
tan sólo iluminarnos, de la misma manera en que ilumina una fila de árboles,

una ruta desierta, sábanas arrugadas al amanecer tras la partida del amante.
Pienso que todo es luz, porque nos encendemos y después nos apagamos,

luego nos encendemos otra vez, le demos importancia
o no a ese hecho. Porque no. No podemos.


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